Foto: Ian Drysdale, Go Blue Bay Islands

 

Hondura tiene una Zona Marina Económica Exclusiva de 226,955 km2. La costa caribeña de Honduras, la cual forma parte del Gran Ecosistema Marino del Caribe, tiene aproximadamente 650km de largo e incluye el segundo Sistema de arrecifes de coral más grande del mundo. Sus aguas cuentan con una importante biodiversidad, registrando a la fecha 194 especies de peces y 573 especies conocidas de invertebrados y urocordados.  

 

Una zona cuyos recursos son muy atractivos para la industria pesquera

En lugares como Omoa, la Bahía de Tela y el Parque Nacional Cuero y Salado, la pesca es realizada principalmente por pescadores artesanales ladinos en botes pequeños.


Pequeño barco de pescadores en La Mosquitia hondureña

Tomando en consideración este contexto económico complejo y las múltiples amenazas a las que se enfrenta el litoral caribeño hondureño, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) apoyó al Proyecto Marino Costero (PMC), financiado por el Fondo Mundial para el Medio Ambiente (FMAM), para promover la conservación de la biodiversidad a través de la expansión de la cobertura efectiva en áreas marinas y costeras protegidas en Honduras. El proyecto, centrado en el Caribe de Honduras, representa más del 80% de la longitud total del litoral hondureño, contribuyó a los objetivos de acuerdos internacionales como la Convención sobre Biodiversidad Biológica.

 

Una zona con mayor protección y sostenibilidad

El PMC generó entre 2014 y el 2019, impactos positivos en diversos ámbitos, entre estos, la extensión de las áreas protegidas del litoral. También se generó un avance importante al sentar las bases para el establecimiento de un área exclusiva para la pesca artesanal en la Mosquitia, se contribuyó a que el Refugio de Vida Silvestre Marino Bahía de Tela de 882,259 hectares fuera finalmente declarado como una nueva área protegida, a través de la aprobación del Congreso Nacional de la República.

Por último, el PMC promovió una mejor conservación de la biodiversidad marina y costera, generando un protocolo para hacer de la pesca artesanal un indicador de biodiversidad. Adicionalmente, se generaron instrumentos de gestión y capacidades fundamentales para la construcción de la resiliencia marino-costera, sentando las bases de La política de humedales y espacios marinos y costeros.