Las personas que viven en la pobreza y otros grupos desfavorecidos sufren cada vez más a causa de manifestaciones climáticas extremas, incluidas inundaciones, tormentas y sequías, así como de la degradación de la tierra en momentos en que el mundo se enfrenta a un aumento “impactante” de desastres climáticos.

El tema del Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza de este año – Actuar juntos para lograr la justicia social y medioambiental para todas las personas – es en particular pertinente en la era de COVID-19. Los más pobres tienen un mayor riesgo de exposición al virus y son los que tienen menos acceso a servicios de salud de calidad. Las personas que viven en zonas de conflicto todavía se enfrentan a las peores amenazas de hambre e incluso hambruna en plena pandemia de COVID-19. Como resultado de la pandemia se espera que la pobreza extrema aumente por primera vez en más de 20 años a escala mundial, mientras que otras 115 millones de personas pasarán a la pobreza extrema este año.

La pandemia tiene claros efectos sobre los trabajadores en los países en desarrollo donde siete de cada 10  se ganan la vida en mercados informales; muchos de ellos simplemente no pueden ganarse la vida si no pueden salir de sus casas a causa del confinamiento. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ha estimado que la adopción de una Renta básica temporal para 2.700 millones de personas adicionales que viven por debajo o apenas por encima del umbral de pobreza podría impedir un aumento de COVID-19 en un período donde la mitad de los habitantes del mundo no tienen ni protección social ni servicios de salud.

Las Naciones Unidas reconocen desde hace mucho que la pobreza es multidimensional, lo que implica trabajar para atender las injusticias medioambientales que pueden resultar del cambio climático y de la degradación del medio ambiente. Las personas que viven en la pobreza y otros grupos desfavorecidos sufren cada vez más a causa de manifestaciones climáticas extremas, incluidas inundaciones, tormentas y sequías, así como de la degradación de la tierra en momentos en que el mundo se enfrenta a un aumento “impactante” de desastres climáticos. Las vidas y los medios de vida de las personas que viven en la pobreza están en estrecha sintonía con las condiciones medioambientales que ahora están cambiando rápidamente. Es evidente que el cambio climático afecta tanto el predominio como el alcance de la pobreza, y por lo tanto contribuye a la desigualdad. Por esta razón, el próximo Informe de Desarrollo Humano 2020 del PNUD se centrará en el modo de reavivar nuestra relación con la naturaleza y mejorar las vidas de las personas hoy y en el futuro, siempre en equilibrio con el planeta.  

A pesar de los desafíos monumentales a que se enfrenta el mundo hoy, la pandemia de COVID-19 nos presenta un mundo con la oportunidad única de "comenzar de cero" para aspirar a un futuro más sostenible. El PNUD, que está presente en 170 países, no sólo ayuda a esos países a recuperarse de los efectos socioeconómicos devastadores de la pandemia sino que también los ayuda a reconstruirse mejor para alcanzar una economía verde inclusiva, por ejemplo a través de nuestra Promesa Climática. En un sentido más amplio, debemos transformar nuestra producción y patrones de consumo insostenibles, separar el crecimiento económico de la degradación medioambiental y atender las causas estructurales de las desigualdades sociales y medioambientales en nuestras sociedades. Esto nos ayudará a lograr la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible y a cumplir con la ambición mundial de finalmente erradicar la pobreza en todas sus formas y en todos los rincones del mundo.

Achim Steiner, Administrador, Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)

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