Un año con luz en Copén

02 ene 2013

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Un año con luz en Copén

      La comunidad, situada en Iriona (Colón), obtiene luz a través de un proyecto Hidroeléctrico que ahora se quiere replicar en otra lugares del Valle de Sico-Paulaya

 Copén en Iriona, Colón 02 de Enero 2013 .- hace un año, los habitantes de la comunidad de Copén en Iriona, Colón , nunca habían oído hablar de la energía hidroeléctrica y no se explicaban cómo se podía generar electricidad a través del agua. 12 meses después han visto con sus propios ojos que gracias a la micro-cuenca de Marañón, una pequeña quebrada dentro de su jurisdicción donde se acumula agua de lluvia, y con tan solo una turbina y un cableado de más de 2 km de longitud, se ha podido llevar luz eléctrica a sus casas.

Desde que finalizó la instalación, ahora justo hace un año, la comunidad se ha acostumbrado a las comodidades que la energía hidroeléctrica les ha proporcionado. Desde tomarse un fresco refrigerado o paliar el calor con un ventilador hasta ver la televisión a escuchar música, cargar el celular o tener la luz encendida sin límite de horarios. La vida les ha cambiado por completo.

“Ahora cuando se hace de noche puedo seguir cocinando o arreglando el ganado”, comenta María Patricia Hernández, vecina de la comunidad de Copén, “ya no hace falta que vivamos con la luz del sol”. 

 “Los jóvenes se reúnen por la noche a tomar sus frescos”, asegura José Romero, quien asegura que ahora “la juventud se siente más contenta”.  Las familias se sienten más seguras dejando a sus hijos jugar en la calle hasta altas horas de la tarde, porque también se ha instalado alumbrado público, aumentando así la seguridad en la comunidad.

El “proyecto de luz”, como lo conocen popularmente en Copén, es uno de los componentes de un proyecto más amplio llamado “Promoviendo el Manejo Integrado de Ecosistemas y de Recursos Naturales en Honduras” (Ecosistemas), del Instituto de Conservación Forestal (ICF), financiado por el Fondo para el Medio Ambiente Global (GEF, por sus siglas en inglés) y administrado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

“Ecosistemas” está enfocado en mejorar el manejo de los bosques y las micro-cuencas en áreas de gran importancia ambiental, como es esta comunidad situada en la zona de amortiguamiento de la Biosfera del río Plátano.

Desde que Copén fue beneficiado de este proyecto, sus habitantes han aprendido que sin árboles no hay agua, y sin agua tampoco puede haber energía hidroeléctrica que se transforme en luz para sus casas. Por ello, el paso previo para realizar todo la infraestructura eléctrica ha sido diseñar un Plan de Manejo Forestal que ordene la tala de árboles e impida su tala masiva e ilegal, a la vez que proteja la micro-cuenca de agua, que es donde está situada la estructura  que permite alumbrar Copén.

De esta manera, el beneficio social y el medioambiental aparecen estrechamente unidos en este proyecto que ya ha beneficiado a unas 45 familias de Copén, otras 30 de El Venado y que ahora tiene el objetivo de replicar esta experiencia en más comunidades del Valle de Sico-Paulaya.

   

La luz ha generado un mayor nivel de desarrollo en Copén pero también un gasto extra.  Cada familia paga 250 lempiras al mes por la energía, mientras que los negocios, que tienen más aparatos enchufados, pagan 350 lempiras. Con esa tarifa mensual, el Patronato cubre los gastos de la infraestructura y le da mantenimiento, generado así un sistema eléctrico autosostenible.

A pesar de la mensualidad que han de pagar, las familias de Copén se muestran conformes y aseguran que el  bienestar obtenido compensa el gasto. Además, algunas de ellas han sabido sacar mayor rentabilidad a la electricidad, como por ejemplo, María Patricia Hernández, quien montó un pequeño negocio “como ahora tengo freezer, me puse a hacer paletas, que vendo a cinco lempiras a los niños que salen de la escuela. Con lo que obtengo de las ventas, gano lo suficiente para pagar los 250 lempiras mensuales”, explica.

El  desarrollo comunitario alcanzado por las comunidades piloto de El Venado y Copén ha despertado la curiosidad y el anhelo de las comunidades vecinas, porque mientras ellos siguen “a oscuras”, ven como ahí han florecido negocios y el bienestar de la población ha aumentado.

Un proyecto replicable

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y  las Secretarias implicadas en el proyecto Ecosistema, ya han comenzado a reunirse con los líderes de Miraflores, Iriona y  Las Palmas, entre otras comunidades, para tratar de  replicar la experiencia.

A todas estas reuniones y talleres acude Oscar David Sánchez Cruz, representante de la comunidad de Sonoma, quien cada vez que le convocan a una reunión en Sico camina durante cuatro horas, motivado por la posibilidad de que su comunidad sea beneficiada del proyecto para llevar luz a su comunidad y proteger los bosques de la tala ilegal de árboles que llevan a cabo “los colonos que se establecen en su comunidad y acaban con los bosques”, precisa  Oscar David.

Según Sergio Palacios, facilitador del área piloto en Sico Paulaya, por parte del Proyecto Ecosistemas del PNUD e ICF, para llevar a cabo un proyecto de esta envergadura el patronato de la comunidad ha de aportar recursos económicos y humanos, ya que después de la instalación son ellos los responsable de su mantenimiento y operatividad. Es por ello que las comunidades “organizadas, unidas y comprometidas” tienen más posibilidades de ser beneficiadas por el proyecto. “Comprometidas no sólo como comunidad, sino también con el medio ambiente”, recalca Palacios.

Aunque son las comunidades quienes se encargan de su propio desarrollo, cuentan en todo momento con el apoyo del PNUD. Primero, en forma de capacitación técnica para mantener la turbina y la estructura eléctrica, manejar fondos y fortalecer el patronato y la cooperativa. Una vez finalizadas las instalaciones, técnicos del organismo internacional acuden una vez al mes para dar seguimiento al proyecto y resolver los problemas que puedan surgir.

El potencial de las centrales micro-hidroeléctricas como la de Copén, de apenas 15 o 20 kilovatios, es enorme si se tiene en cuenta las innumerables fuentes de agua que hay en Honduras. No sólo por eso, sino también porque se trata de una energía limpia y barata si se compara con los paneles solares o los generadores que consumen gasolina. Es un potencial que, “si se sabe aprovechar”, sentencia Palacios, “impedirá que haya ni una sola comunidad que, por muy remota que esté, tenga que  vivir a oscuras”.

 

Maria Patricia Hernandez  ahora tiene refrigeradora en su casa
Maria Patricia Hernandez ahora tiene refrigeradora en su casa