Informe Anual 2009

Publicado en 31 dic 2009 (37 páginas)

Los progresos democráticos que lentamente ha venido construyendo la ciudadanía en el país desde el retorno al orden constitucional, se vieron en riesgo por los acontecimientos ocurridos el 28 de junio de 2009. La institucionalidad democrática sufrió un resquebrajamiento, dejando huellas y fracturas que todavía están visibles en la sociedad hondureña.


Aun bajo estas condiciones, y con inevitables restricciones en su relación con el Gobierno de facto, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) mantuvo su acompañamiento a la propuesta de asistencia plasmada en el Plan de Acción del Programa de País y el “Marco de Asistencia de las Naciones Unidas para el Desarrollo 2007-2011”, que se materializa en programas y proyectos con aportación de recursos técnicos y financieros.


Este informe recoge las principales actividades que el PNUD realizó en respaldo a las demandas del país. Este es el fruto de la sinergia con nuestros aliados, contrapartes y el equipo de mujeres y hombres PNUD, que creen en una Honduras que puede transitar hacia el desarrollo, fortaleciendo capacidades, reforzando buenas prácticas, generando pensamiento deliberativo, ofreciendo un aporte sustantivo en la mitigación y atención de desastres provocados por fenómenos naturales, contribuyendo a impulsar iniciativas pilotos en ambiente, reducción de la pobreza, seguridad ciudadana, y dialogo entre otros temas de capital importancia para eficientar y transparentar la gestión pública en beneficio de las mayorías.

La crisis del 28 de junio obligó a replantear y fortalecer más el trabajo que, como organismo aliado del desarrollo, hacemos en el área de gobernabilidad democrática. La democracia trata del ejercicio pleno de la ciudadanía. Las elecciones y las instituciones formales son ciertamente requisitos esenciales de la democracia, pero la garantía universal de los derechos de los y las ciudadanas convirtiéndolos en agentes de su propio desarrollo, constituye un reto indispensable y pendiente.


Hoy la democracia no está cumpliendo como debiera con los pobres y, en muchos casos, con algunos sectores empobrecidos de las clases medias. El diálogo puede ayudar a salvar esta brecha proporcionando espacios para la inclusión y para el
diseño de políticas públicas que considere opciones y equilibrios para el bien común.


Es obligatorio estrechar las brechas crónicas de la desigualdad que enfrenta el país para devolver la confianza de la ciudadanía en la institucionalidad para afianzar la legitimidad y gobernabilidad democrática. Como bien lo expresó la administradora Asociada del PNUD, Rebeca Grynspan, “Los ciudadanos saben que están viviendo en países con un gran potencial económico y donde núcleos reducidos de población logran niveles de vida comparables a algunas de las capitales de mayor bienestar del mundo. La convivencia de desigualdad y opulencia con pobreza relativa, y extrema, crean una situación de alta tensión social, y dañan  severamente la cohesión social”.

    Descargar Documento